La segunda entrega de Regreso al futuro dibujaba una realidad paralela basada en una pequeña alteración de los acontecimientos. Aquel almanaque deportivo por el que tanto suspiró Marty McFly podía haber sido perfectamente Nikola Mirotic este viernes, cuando finalmente se confirmó que no podría jugar contra el Real Madrid. A pesar de estar sano y de haber dado negativo en los tests, doce horas le separaron de driblar al protocolo. ¿Qué hubiera pasado en el primer clásico europeo del curso si el montenegrino hubiera jugado? Nunca lo sabremos, más allá que el Robert Zemeckis de turno se aventure a hacer una película, pero resulta difícil imaginar un mejor final para el equipo de Jasikevicius. El lituano atrapó la victoria de más prestigio hasta el momento como técnico azulgrana en un clásico vibrante, en el que su equipo mostró todo su potencial pero también algunas de las carencias que viene mostrando desde que comenzó el curso.
Majestuosa defensa
El Barça completó una primera mitad para el recuerdo
El Barça de la primera mitad fue majestuoso. No cabe otra definición. Defendió con una intensidad que se comía al Madrid a cucharadas. Todos los jugadores barcelonistas ayudaban en el rebote, minimizando el siempre temible efecto Tavares, y al equipo de Laso le costaba un mundo anotar cada canasta que era exactamente lo que quería su colega. Mención especial para Sergi Martínez, pletórico en labores defensivas, que se fue al descanso con 8 rebotes en su hoja de servicios.

El Barça sublimó el juego que inventó Nasimith en los últimos minutos del segundo cuarto. El todopoderoso Real Madrid no sabía qué hacer porque le llovían bofetadas de todos los lados. Un triple de Smits completó un parcial de 13-0 en apenas dos minutos (46-25, minuto 19), una canasta de esas que hubiera hecho temblar los cimientos del Palau si la pandemia hubiera permitido la entrada de público. Pero los solitarios aplausos de sus compañeros se convirtieron en eco, una triste metáfora de los tiempos presentes.

















