22 de enero de 2006. Staples Center. El público grita su nombre. Las voces llegan al cielo. La cifra es impresionante: 81 puntos en un solo partido, todo un récord para cualquier jugador de la NBA. Pero ese récord no es para cualquiera. Es para uno solo, un elegido, un hombre que parecía tocado por los dioses y que convertía en oro cada tiro al tablero. Ese hombre era Koby Bryant, jugador de Los Ángeles Lakers.

Hablar de la carrera de Kobe Bryant es repetir una y otra vez escenas similares a la que se vivió esa increíble noche en la que «Black Mamba» se convirtió en el jugador que más puntos ha anotado en un solo juego de la NBA en toda la historia.
Los títulos y récords de Bryant son una muestra de cómo su carrera fue una constante evolución, un viaje en línea recta hacia el universo deportivo, allá dónde solo iluminados como Kareem Abdul-Jabbar, Wilt Chamberlain, Michael Jordan, Magic Johnson, Larry Bird y muchos talentosos más habitan.
Ha pasado un año desde la muerte de Kobe, pero su legado es imborrable y su recuerdo es tan intentos que, incluso, fue el combustible que hizo carburar la maquinaria de LeBron James, Anthony Davies y compañía para que Los Lakers volvieran a ser campeones 10 años después, justamente una década desde la última vez que Black Mamba conquistó un anillo de campeón.

















