Cada decisión que se toma en la vida trae consecuencias que pueden ser favorables o desfavorables. Saber tomar decisiones es quizás el aspecto más difícil en la vida de una persona. Hay decisiones pequeñas de efectos menores, pero hay otras que pueden tener un impacto duradero. El deporte parece ser un aspecto trivial de la vida, una forma de entretenimiento, pero las decisiones que se toman pueden tener un impacto profundo en la vida de muchas personas.
Nadie ha tomado decisiones más difíciles y ha tenido éxito como Bill Belichick. Su filosofía de no retener y pagar contratos millonarios a jugadores estrellas ha contribuido a crear una de las dinastías más exitosas en la historia del deporte. Esa misma filosofía quizás le esté empezando a cobrar factura esta temporada.
Belichick cuenta con el quarterback más exitoso de todos los tiempos quien ha accedido a jugar con un salario muy debajo del que debería percibir dada su calidad. Nadie se sacrifica, estudia y cuida su cuerpo como Tom Brady. Por eso a los 42 años todavía tiene la capacidad de jugar a un nivel óptimo. El problema es que decisiones de personal, junto con lesiones a jugadores importantes, han mermado las opciones ofensivas a su disposición.
Con algunas excepciones, como fue el caso de Randy Moss, y Antonio Brown brevemente esta temporada, Brady no ha tenido receptores élite a su disposición durante su carrera. Con él, jugadores como Danny Amendola, Chris Hogan y muchos años antes Troy Brown, David Patten y Deion Branch han brillado porque fueron capaces de jugar en el mismo canal que Brady. La ofensiva de pase de Pats es complicada porque cada receptor tiene funciones que cambian en relación con la formación que presente la defensiva. Es fundamental tomar decisiones en el momento que se centra el balón y correr la trayectoria exactamente como lo espera Brady. Cuando los receptores lo hacen, es una obra de arte, y por lo menos uno queda completamente libre. Como dicen, el receptor favorito de Tom Brady es aquel que está desmarcado. Si hay un receptor disponible, Brady lo va a encontrar.
Cuando los receptores no están en la misma frecuencia que Brady, tenemos la debacle que fue el juego contra Houston y que en general ha sido la temporada de Pats. Con la excepción de Julian Edelman, ningún otro receptor ha sido factor este año. Edelman tiene 82 recepciones. El que le sigue es Phillip Dorsett con 28. Belichick decidió no retener en 2018 a Amendola y este año a Hogan. Decidió seleccionar a N’Keal Harry en la primera ronda del draft. Harry no ha podido aprender el esquema. Corrió mal una trayectoria en el primer cuarto contra Houston e interceptaron a Brady, el resto del partido participó en sólo nueve jugadas y Brady no lo volvió a buscar. En abril, Belichick decidió canjear a Jacob Hollister quien está teniendo una temporada más que sólida con Seattle. En octubre Belichick hizo un canje con Atlanta cediendo una selección de segunda ronda por Mohamed Sanu; estaba contribuyendo, pero se lesionó y no está del todo bien todavía.
A diferencia del año pasado, cuando los Pats perdieron dos partidos consecutivos en diciembre, la opción de convertirse en un equipo que corre con poder es limitada. No cuentan con David Andrews, su centro, ni con su suplente, Ted Karras. No está tampoco el fullback James Develin, quien era jugador clave bloqueando en acarreos. Rob Gronkowski y Dwayne Allen también hacían una labor importante en el juego terrestre.
Hay quienes dicen que la edad ya alcanzó a Brady, que está disminuido físicamente. No comparto esa opinión. Brady no es el problema. De hecho, iría tan lejos para decir que si Pat Mahomes tomara su lugar, los resultados no serían muy diferentes. Mahomes también ha sufrido por ausencias a jugadores importantes en su ofensiva y su rendimiento no ha sido el mismo, aún antes de la lesión que sufrió en la Semana 7. Quizás una solución para Pats sería que Josh McDaniels y Tom Brady simplificaran ampliamente su ofensiva para adaptarla al nivel de experiencia de sus receptores. Algo similar a lo que hace Pittsburgh.
El balance de las decisiones de Bill Belichick a lo largo de su gestado con los Pats es excelente, pero las que ha tomado en los últimos 10 meses no han dado buenos resultados y el equipo está sufriendo las consecuencias.
En una NFL en donde año con año cambian las reglas para “abrir” las ofensivas, es estimulante, por lo menos para mí, ver que las defensivas no sólo ajustan, sino empiezan otra vez a dominar. Recuerdo el Kansas City vs LAR, un «MNF» que terminó 54-51 ganando los Carneros. Pensábamos que era el futuro de la NFL con el advenimiento de las ofensivas típicas del colegial. Luego llegó el Super Bowl en donde se anotaron un total de 16 puntos. No sé si ustedes, pero disfruté tremendamente el juego de San Francisco vs Baltimore. Vi solamente el segundo tiempo porque tuve que viajar, pero la exhibición de esos dos pesos completos de la NFL fue excelsa. Fue un contraste de una ofensiva más tradicional con sesgos innovadores, contra otra basada en conceptos que se usan más en el fútbol americano colegial. Al final, las defensivas y el clima impusieron condiciones.
Fue un juego físico y de ajustes constantes. Vi a un Jimmy Garoppolo jugar con más confianza completando pases en situaciones apremiantes. Del otro lado, Lamar Jackson fue «contenido» y limitado en el juego aéreo, pero todavía fue capaz de superar 100 yardas corriendo. Ninguno lanzó intercepción. Al final, el partido se decidió por un par de decisiones en cuarta y 1 en el último cuarto. Kyle Shanahan optó por un pase que fue desviado. John Harbaugh por un acarreo que mantuvo viva la serie ofensiva que liquidó el tiempo restante y le permitió a Justin Tucker convertir el gol de campo del partido. Me gustaron ambas decisiones de ir por el juego en cuarta oportunidad, pero la decisión de Shanahan de pasar, cuando la mejor opción de su ofensiva es el juego por tierra, les costó el partido.
En la NFL no hay victorias morales, pero en ocasiones, una derrota sirve para reforzar la confianza de un equipo. Recuerdo en 1990, cuando los Gigantes de NY perdieron un partido muy apretado contra SF en MNF por marcador 3-7. Supimos que se podría limitar a la ofensiva de SF, aun jugando en su casa. Regresamos en el Campeonato de Conferencia y ganamos 15-13. San Francisco sabe ahora que puede enfrentar a cualquier equipo en cualquier tipo de lugar y circunstancias. Lo mismo sucede con Minnesota que jugando en casi todo el segundo tiempo sin Dalvin Cook, Adam Thielen, Riley Reiff y con Stefon Diggs disminuido, tuvo la oportunidad de vencer a Seattle en Seattle.
John Dorsey decidió contratar a Freddie Kitchens para estar al frente de un equipo talentoso pero lleno de personalidades complicadas. Kitchens ha sido un desastre y Cleveland es una franquicia disfuncional. Aun cuando ganan, hay algún factor que es noticia más allá del desempeño del equipo: el reloj costoso de OBJ, los problemas de Antonio Callaway después de una gran victoria contra Buffalo, y ahora la «T-shirt» que portó Kitchens durante la semana previa a la revancha contra Pittsburgh.
La camiseta decía «Pittsburgh started it» (Pittsburgh empezó). No me imagino a Paul Brown, Vince Lombardi, Tom Landry, Bill Walsh, Bill Parcells, Andy Reid o Bill Belichick poniéndose una prenda de vestir que hace referencia a un partido del pasado.
Existen sólo 32 puestos de head coach en la NFL y es una posición que representa dignidad y respeto. ¿Recuerdan a Bill Belichick en la conferencia de prensa después de una derrota humillante ante Kansas City decir «on to Cincinnati»? Un buen entrenador aprende del pasado y se enfoca en el siguiente rival.
Pittsburgh era el siguiente rival de Cleveland en un partido prácticamente de vida o muerte para sus aspiraciones a playoff. Hacer alusión a un acto penoso que ya debía haber sido superado y olvidado, y que ya no tiene relevancia independientemente de quien lo haya empezado, fue una soberana estupidez.
Kitchens dijo que el portar la camiseta no tuvo que ver con el resultado del juego, que su equipo se había preparado bien. No quiero pensar como les habría ido si la preparación hubiera sido mala porque en el segundo tiempo les comieron el mandado. Del otro lado, Mike Tomlin manejó la situación con clase y su equipo jugó bien. Los que leen esta nota recordarán que no he sido fan de Tomlin a través de los años, pero esta temporada ha hecho un gran trabajo ganando con opciones muy limitadas. Es posiblemente el mejor trabajo que haya hecho Tomlin desde que llegó a Pittsburgh y deberá ser candidato a head coach del año.
En Jacksonville, Tom Coughlin tomó la decisión de firmar a Nick Foles como su quarterback del futuro por cuatro años y 88 millones de dólares, con 50.125 millones garantizados. Foles jugó bien en el primer cuarto del partido inaugural contra Kansas City hasta que sufrió una tacleada que le fracturó la clavícula. Regresó hace tres semanas y su desempeño ha sido lamentable. Doug Marrone optó por reemplazarlo en el medio tiempo contra Tampa Bay por Gardner Minshew II, y lo nombró titular para la Semana 14. Si Minshew responde, Marrone podría salvar su puesto de head coach, pero tendrían que cerrar con cuatro victorias.
Un equipo que podría dar la sorpresa y muchos dolores de cabeza en playoff es Tennessee. Por fin Mike Vrabel está usando un ataque enfocado en las cualidades de Derrick Henry y complementándolo con un juego aéreo oportunista. Ryan Tannehill se está ganando la oportunidad de ser el quarterback del futuro de los Titanes. No será nunca un pasador élite, pero podrá funcionar en el esquema de Arthur Smith. El liderato de la División Sur se decidirá en la Semana 17 cuando enfrenten a Houston, y veo factible que ambos califiquen comprometiendo la situación de Pittsburgh.
Finalmente, es estimulante ver a equipos como Miami, Cincinnati y Washington salir pelear duro por la victoria semana tras semana. Lo he dicho durante años y varias veces esta temporada, ningún equipo de la NFL pierde juegos intencionalmente para ganar una mejor posición en el draft, y aquí incluyo también a los Gigantes de New York que son en este momento el peor equipo de la NFL

















