El Madrid no juega así de insípidamente adrede, sino que es probable que en ese momento piense que juega bien. Se intuyó un intento de explorar que cristalizaba en cosas más bien inofensivas: diagonales de Mendy, incorporaciones de Nacho, mayor imprevisibilidad en los movimientos de Asensio y Vinicius… Pero crear una ocasión costaba un mundo a los blancos en el primer tiempo.

Siempre quedará el efecto de la lluvia sobre el campo como excusa para algunas aparentes torpezas técnicas, a pesar de que el madridismo ya no necesita excusas porque no se inclina a la condena, instalado más bien en la indiferencia como parece encontrarse ahora.
En el minuto 24 un pase de otro mundo de Kroos habilitó la carrera de Vini, que casi marca un gol que habría sido anulado por fuera de juego. La impresión de la primera parte fue que Vinicius había recuperado el burbujeo, ya que no necesariamente el acierto. El acierto, en su caso, no habría que recuperarlo tanto como inaugurarlo. En el 27 se intentó ir por la línea de fondo con un sombrero que fue prodigio inane al no estar dicha línea unos metros más atrás. El campo volvería a quedársele corto en algunas ocasiones más. Un buen resumen, aunque recuperó cierta mordiente. En el 33 chutó Benzema tras taconazo de Modric, obligando a intervenir al guardameta rival en la que constituyó la única ocasión clara del primer tiempo.

La segunda parte fue mucho mejor. A la zozobra inicial, golazo oscense incluido, siguió un dominio blanco mucho más ambicioso y productivo que el de los primeros 45 minutos, con más chispa y explosividad, tal vez espoleados en su orgullo por el gol encajado, tal vez favorecidos por la falta de lluvia. Varane empató en el 54, remachando un asombroso lanzamiento de falta de Benzema a la cruceta. Esta excentricidad (Karim botando faltas desde la frontal) es una rareza y un síntoma: el Madrid debe perder la cordura para volver a la senda de la victoria.
Así se siguió viendo en los minutos siguientes. Pese a soportar como contrapartida alguna contra peligrosa del Huesca (Courtois tuvo que sacar una mano excepcional a cabezazo de Mir), la insistencia blanca fue empecinada y no carente de inspiración. Una jugada de fantasía en la frontal (involucrando a Vinicius, Modric, taconazo de Asensio y Karim) acabó en paradón de Álvaro a chut del francés, ante quien volvería a exhibir una manopla salvadora al cabo de poco tiempo. El Madrid tiene la mala costumbre histórica de consagrar a porteros rivales, y fue este cumplimiento escrupuloso de las buenas costumbres lo que dilató la llegada del gol de la victoria. Volvió a sacar Álvaro el testarazo de Casemiro, pero nadie pudo impedir que Varane -improbable doblete de chupagoles- hiciera justicia, otra vez bajo los palos.
La Liga sigue estando en chino mandarín, pero los jugadores parecen ahora hablar un idioma más inteligible entre ellos. El resultado tiene una importancia relativa, pero el juego del segundo tiempo invita al optimismo de cara a la competición fetiche. Y a la propia Liga, que hay que finalizar en posición de Champions sin dejar de soñar con el milagro de la remontada.

















